Investigadores mexicanos desarrollan actualmente bioturbosina, a partir de biomasa, para el transporte aéreo. El trabajo se realiza en el Clúster de Bioturbosina, que es parte del Centro Mexicano de Innovación en Energía, especializado en Biomasa (Cemie-Bio), organismo apoyado por el Fondo Sectorial Conacyt-Secretaría de Energía-Sustentabilidad Energética.
Ya se han entablado pláticas con empresas como Boeing y Aeroméxico, que están interesadas en los resultados que se generan en el clúster, así como con Sagarpa, Semarnat, la Dirección General de Aeronáutica Civil, la Comisión Reguladora de Energía y Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA).
Sin embargo, este nuevo combustible aún enfrenta retos para su producción y desarrollo en México. El doctor David Ríos Jara, investigador del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt), y líder del proyecto del clúster, expone, en entrevista, tres retos de la bioturbosina en el país:
- Costos altos. Actualmente, un litro de bioturbosina tiene un costo más alto que uno de turbosina convencional, lo cual no es atractivo aún para inversionistas y empresas. Pero uno de los objetivos del Clúster de Bioturbosina es disminuir los precios de este biocombustible, para lo cual se está trabajando en varias estrategias. “Además, también está el reto de la economía de escala; es decir, en el proceso de producción de la biomasa, todavía el costo más alto es el de las materias primas, y no tanto el de la transformación, porque implica sembrar cantidades muy grandes de terreno del cultivo del que se obtiene la biomasa”.
- Elección de terrenos y proveedores. No es posible utilizar cualquier terreno para sembrar el tipo de vegetales del que se obtiene la biomasa: se deben elegir áreas que no compitan con los alimentos de consumo humano. “Eso implica que las tierras que podemos usar son aquellas en las cuales típicamente no puedes sembrar alimentos, como zonas desérticas o semidesérticas. Por lo tanto, la variedad de vegetales que estamos considerando es de aquellas que pueden ser sembradas en esas zonas y que pueden ser regadas con aguas residuales”.
En México aún no hay incentivos para instituciones o compañías que reduzcan sus niveles de contaminación por estas vías
El investigador agrega que el clúster ha hecho estudios para conocer las zonas potenciales para el cultivo de esas plantas oleaginosas que no son de consumo humano, como jatropha, higuerilla y salicornia. Por otro lado, también se trabaja con grasas de animales y aceites comestibles ya usados, por lo que es necesario ubicar a los proveedores de estos insumos y analizar el volumen que pueden aportar al mes o al año.
- Políticas públicas. Los costos de producción y distribución de la bioturbosina se beneficiarían con la incorporación de políticas públicas que promuevan el uso de los biocombustibles. “Por ejemplo, para la obtención de este tipo de combustibles, en otros países hay políticas de reducción de impuestos y otros incentivos para organizaciones y empresas que los usen, ya que son sustentables. En México aún no hay incentivos para instituciones o compañías que reduzcan sus niveles de contaminación por estas vías”.
El Clúster de Bioturbosina está formado por nueve instituciones nacionales: ocho centros del sistema Conacyt y el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), así como por dos instituciones extranjeras.
“El organismo tiene la meta de concluir el proyecto del clúster en 2020 y también la construcción de plantas de demostración que permitirían asegurar que sus procesos sí funcionan y que la bioturbosina obtenida es de alta calidad”, aseguró el doctor David Ríos Jara, quien es físico por la UNAM y tiene un doctorado en Física por el Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas de Francia.
